Ordenar la idea antes de invertir un peso
Un método de tres hojas para pasar de la intuición al plan.
Muchos proyectos mueren en la primera semana porque la idea nunca se bajó al papel. En esta nota se propone un ejercicio simple: una hoja para el problema, otra para el cliente y una tercera para el primer mes de caja. Se muestran ejemplos de un taller de barrio y de una consultora chica para ver cómo cambia el plan cuando el cliente no es el que uno imaginaba. La idea no es armar un plan de veinte páginas, sino tener claro qué se va a probar primero y con cuánto dinero.